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Educomunicación :Camino a la utopía: de consumidor a usuario

por: Carlos Ferraro

Educomunicación :Camino a la utopía: de consumidor a usuario

¿Por qué que vemos cine, televisión, escuchamos radio leemos periódicos  o navegamos por las redes sociales?

La pregunta puede tener distintas respuestas según desde dónde (τόπος  ) se contesta. El consumidor de estos y otros medios o tecnologías responderá que para él no es una obligación sino un deseo, un gusto de poder disfrutarlos. Dirá que los consume en lo posible durante el mayor tiempo posible. Dentro de esta categoría habrá diferencias por edad, sexo y estatus social o  cultural. Pero todos, o la gran mayoría, tendrá incorporado como hábito su relación con las tecnologías mediáticas, tengan el formato o soporte que tengan.

Esto es lo que conforma una cultura mediática. En la que  toda manifestación, informativa, artística o pretendidamente comunicacional, en cualquiera de sus variantes, forma parte de un sistema que requiere importantes inversiones de capital, cuya razón de ser está sostenida en intereses  de poder y  de mayor rentabilidad económica.

La propia armazón tecnológica, para funcionar y actualizarse requiere importantes inversiones de capital. Ese capital lo pone el Estado o la empresa privada, y en el mejor de los casos, en distintas o iguales proporciones, los dos simultáneamente. El sostenimiento viene de la publicidad o la propaganda.

¿Podemos  vivir en una sociedad dónde el sistema informativo y comunicacional  funcione sin ley de medios o regulación alguna?

Los hechos demuestran que  sí, de hecho que las políticas neoliberales tienden a negar el control, pero no es bueno que así sea; porque se trata de salvaguardar la cultura en su dimensión comunicacional.

La cultura se expresa en la verdadera comunicación. Comunicamos cultura. La cultura es un patrimonio de todos. No es exclusiva de un sector, u objeto de un sistema, o de un interés acomodado a intereses de un mercado  que  se apropie de ella de tal forma que no podamos distinguirla de lo  genuino y propio de su expresión.

¿Podemos entender y aceptar una cultura expresada sin matices, con la ausencia de ciertos valores que nunca aparecen o se representan distorsionados a través del estereotipo o de las noticias falsas (fake news)? Sin duda, no. Porque la cultura es policromática, llena de tonalidades  y diferencias. Por momentos es ambigua, oscura o luminosa, inquietante o balsámica, tramposa u honesta, deprimente o esperanzadora, egoísta o solidaria, opaca o estéticamente sublime, secular o sagrada . Y esto es así porque así es la condición del hombre  y su "hacer".

¿Y cómo distinguir?  ¿Cómo reconocer, si el entramado mediático es una red que cubre estandarizando el texto y el contexto de lo que muestra? Si todo es casi lo mismo  con la pretendida ilusión de que existen infinitas opciones para elegir... Para responder, no podemos hacerlo como consumidores  de ese medio que observo sin siquiera sospechar de él. Estoy obligado a hacerlo desde otro lugar. Desde el lugar de usuario, que no es el mismo que el de consumidor.

El usuario es aquel que dispone concientemente de la herramienta, sabe para qué sirve. Conoce acerca de su alcance, de su finalidad, de su capacidad de transformación. Y porque conoce todo eso, puede decidir si usarla o no. En definitiva si le es útil o no a su propósito y al de una sociedad libre, justa, rica en valores. Entonces sobreviene la pregunta de  cómo transformarse de consumidor a usuario.

En este punto debemos  volver a las preguntas que iniciaron esta reflexión y responder desde el lugar de la educación. Una educación que reúna en el educador, actitud y aptitud: compromiso y competencia específica, respectivamente. Compromiso, para sostener un ejercicio crítico constante, alimentado con la fidelidad a  la verdad y con cierto apetito por la creatividad y la esperanza. Competencia específica, en el conocimiento cada vez más preciso de entender cómo funcionan los medios en  sus dimensiones técnicas y de lenguaje.
La tarea  no es fácil, pero la ecuación que resuelve el problema genera beneficios transformadores. De esto pueden dar cuenta las experiencias que vienen realizándose  en este sentido y hace tiempo, particularmente en Latinoamérica, en la línea de la educomunicación y en el mundo entero en otra dimensión con la Media Literacy o la Media education

Consumidor vs. Usuario

El consumidor es el que se subordina  a las reglas del marketing, alimentado por diferentes mitos y rituales, impuestos estratégicamente con filosofía  de mercado con el único propósito de hacer del sujeto un cliente. Cliente que ingresa a ese mundo simbólico representado por los medios y que arrastra su voluntad generalmente al consumismo , y sus consecuencias sociales injustas.

 El  usuario es el que participa de lo mismo que participa el consumidor, pero eligiendo concientemente y descartando lo falso, lo inútil, lo innecesario.

Uno y otros, perteneciente a la misma cultura mediática, ven, televisión, van al cine, se informan con los diarios, escuchan radio, se conectan a  internet. Si lo que abunda es la actitud de consumidor los medios seguirán ofreciendo lo que ofrecen. Esto es, con distintas formas y tecnologías, lo mismo. En cambio sí la que finalmente predomina es la aptitud de usuario, la estrategia del enunciador tendrá que cambiar lo que ofrece y cómo lo ofrece. En definitiva ser más auténtico, más genuino, más apegado a la verdad, que son las "verdaderas necesidades" del hombre.

El cambio de la oferta mediática, en términos de una cultura representativa del hombre en todas sus dimensiones, no vendrá voluntariamente  de los medios. Vendrá  de quien haga  uso de los mismos. Aquellos que hacen el número del rating. ¿Acaso la máxima del emisor no reza “Al público hay que darle lo que pide”?
Si queremos reconocer en los medios, los valores de la verdadera cultura, hay que resignificar el entramado que no nos deja ver, que nos impide reconocernos en lo que verdaderamente somos. Hay que generar nuevas miradas.

El camino de la educación, es el camino de la Educomunicación, es la educación "con" y "para" los medios. Ya sea en la lectura crítica como también en lo que representa y surge de los procesos de la producción colectiva, creativa y superadora. Cuanto más se demore la generalización y la intensificación de esta enorme tarea, que ya muchos empezaron  a recorrer caminando hacia esta utopía, quedaremos abandonados en la otra utopía, la de los medios: la de hacernos creer que el mundo es el discurso espectacularizado  de la violencia, y del poder de los insensibles exitosos.

A las generaciones actuales y futuras  debemos: hacerles conocer cómo se construye la utopía negada por los medios. Y señalar que en el "esfuerzo del hacer", la construcción de futuro e incluso sus logros, no están  en la meta sino en el camino mismo que recorremos.

Se trata de construir una nueva ciudadanía en la  sociedad mediática. No puede haber un ciudadano libre y responsable si no es conciente de cómo funciona e influye la cultura de su propio tiempo.

Este es entonces el desafío permanente  la educación en y para los medios.

 

Carlos Ferraro

Profesor de Filosofia y Ciencias de la Educación. Educomunicador.Presidente de Signis Alc.

Presidente del Departamento de Educación para la Comunicación de SIGNIS