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Manual de cine y espiritualidad

por  Caf                                                                                                                                                                                                       Carlos AlbertoFerraro

Manual de cine y espiritualidad

 

 

PRÓLOGO

 

En la elaboración de este módulo están cuidadas las pretensiones de ser un indicativo de lo que ?hay que hacer?. La totalidad de lo desarrollado es fruto de largas experiencias en el tiempo que de una forma u otra han dado resultados y que se quieren ofrecer con el ánimo de aportar a la comunicación

Tomando las previsiones que están indicadas en el presente módulo, entendemos que asumir la tarea propuesta genera resultados enriquecedores.

Si bien el tema central es el cine, es necesario  señalar que desde nuestra perspectiva, lo más importante, en definitiva, no es  lograr una performance de eximios espectadores sino entender que cuando trabajemos con este arte vamos a estar envueltos en un proceso de comunicación.

Tanto por lo que el cine es como medio como por la interactividad dialógica que se genera entre los actores que participan en  los encuentros.

Crecemos con la palabra y los encuentros personales. Y en este proceso también crecemos en espiritualidad.

El escuchar, compartir, entender, orientar mirar junto con el otro, nos ilumina colectivamente.

Lograrlo no es tan fácil como expresarlo o  proponerlo, somos humanos y en los vínculos se expresan nuestras riquezas pero  también nuestras miserias.

Creemos que el texto siguiente que ofrecemos   puede ser un aporte reflexivo que nos abra a la actitud de trabajar con los contenidos de este módulo 

 

En mi espacio d lectura,una mañana, me encontré con una expresión anónima : Descalzarse para entrar en el otro. Y me sentí impulsado a leer las palabras del Éxodo: ?no te acerques más, sácate tus sandalias, porque lo que pisas es un lugar sagrado?. No tardé en ponerme en oración. Jesús me presentaba uno a uno a mis hermanos de comunidad y descubrí cómo habitualmente entro en el interior de cada uno sin descalzarme. Simplemente?? entro. Sin fijarme en el modo?.. entro.

Experimenté una fuerte necesidad de pedir perdón al Señor y a mis hermanos. Sentí que el Señor me invitaba a descalzarme y luego a caminar.

Inmediatamente experimenté una resistencia: ?no quería ensuciarme?. Me resultaba más seguro andar calzada. Entonces vi dos cosas que me impiden entrar descalza en los otros: comodidad y temor. Vencido ese primer momento comencé a caminar y el Señor a cada paso iba mostrándome algo nuevo.

Advertí cómo descalza podía descubrir: las alternativas del terreno que pisaba, distinguir lo húmedo y lo seco del pasto, de la tierra. Necesitaba mirar a cada paso lo que pisaba, estar atenta al lugar donde iba a poner mi pie. Me di cuenta de cuántas cosas del interior de mis hermanos me pasaban por alto, las desconozco, no las tengo en cuenta por entrar calzada, la mirada puesta en mí o dispersa en múltiples cosas.

Pude ver también cómo descalza caminaba más lentamente, no usaba mi ritmo actual, sino tratando de pisar suavemente. Donde mis zapatillas habían dejado marcas, mi pie no las dejaba.

Pensé entonces: ¡cuántas marcas habré dejado en el corazón de mis hermanos a lo largo del camino! Experimenté un gran deseo de entrar en los otros sin dejar un cartel que diga: ¡Aquí estuve yo! Por último fui atravesando distintos terrenos. Primero el pasto, luego un camino de tierra hasta llegar a una subida y con piedras.

Sentí deseos ya de detenerme y volver a calzarme. pero el Señor, me invitó a caminar un poquito más. Advertí que no todos los terrenos son iguales y no todos mis hermanos son iguales. Por lo tanto, no puedo entrar en todos de la misma manera. Esta subida me exigía caminar aún más lentamente y cuánto más difícil sea el terreno de interior de mi hermano, más suavidad y más cuidado debo tener para entrar.

Después de este recorrido con el Señor, pude ver claramente que descalzarme es entrar sin prejuicios y atento a la necesidad de mi hermano, sin esperar una respuesta determinada; es entrar sin intereses y despojada de mi alma. Porque creo, Señor, que estás vivo y presente en el corazón de todos, y por ello es que buscaré detenerme, descalzarme y entrar en cada uno como un lugar sagrado. Para ello sé Señor, que cuento con Tu Gracia

 

Capitulo 1

 

Nos gusta escuchar historias.

Disfrutamos con los relatos.

Y el cine es eso, historias narradas, de cosas que le pasan a la gente, como en la vida real.

Hay un mejor motivo para amar al cine?

caf

 

         Historias con personajes  que viven situaciones parecidas a la mía o a la de otros que conocemos. Algunos son héroes de situaciones cotidianas y otros de hechos extraordinarios.

A la gente, en la vida, le suceden cosas, como en las películas. Muchas veces comentamos acerca de determinados acontecimientos que nos pasan : no lo vas a creer?me pasó algo que es de película!.

 Es muy común, a veces sin darnos cuenta,  en familia o con amigos o también en el orden laboral, hagamos  referencia o evoquemos películas para dar ejemplos que nos sirvan en el mundo real.

 Es más común comentar una película que vimos que un libro que leímos. Es más común discutir sobre una historia que vimos,  que comentar críticamente un texto que leímos. En otras palabras el cine está metido en nuestras vidas más de lo que creemos.

 

Este sustrato cultural que fue instalándose con el desarrollo de los medios audiovisuales, genera una inmensa posibilidad para trabajar con el cine desde perspectivas que van más allá del legítimo consumo como entretenimiento.

Mirar una película, es casi siempre una experiencia  agradable, porque está ligado al entretenimiento y fundamentalmente a la emoción. A la gente le gusta emocionarse. Le gusta reir y también llorar, aunque esto último un poco menos.

 

Frente al cine todos somos espectadores, algunos pocos, espectadores y creadores o sea, productores, realizadores, hacedores de historias  pero también, antes  y siempre , espectadores.

Es por eso que aproximar el  cine a una experiencia de tipo formativa es un proceso casi natural.

Pero así como suena la cosa pareciera ser fácil. Sin embargo no lo es. El cine es una expresión que podemos apreciar porque fundamentalmente está construido con un lenguaje, que nadie nos enseña a descifrar y que sin embargo podemos leer .Entonces en este punto es donde nos detendremos.

 

¿Es posible mirar películas y opinar acerca de ellas sin tener un conocimiento específico  del cine, su lenguaje y  su historia?, o sin conocer el valor simbólico de sus imágenes ,o metáforas, etc.?

La respuesta a este obligado interrogante es el camino que quiere recorrer esta publicación.

 

Si mi propósito como formador es utilizar  el cine  con resultado efectivo, debo tener en cuenta

Algunas consideraciones:

En este caso la película se transforma en una herramienta

 Tener conciencia de que el film con el cual voy a trabajar no fue concebido por su autor (director) para este, mi  propósito
Que el principal objetivo  no radica en crear  un lector especialista en cine
Que mi función se transforma en ser un mediador entre la obra y el destinatario final de la misma, o sea el espectador.

 

        Toda película habla por sí sola, no es herramienta de nada. Es un insumo cultural destinado al entretenimiento sin necesariamente exigir o asegurarse una retribución reflexiva en términos de pensamiento por parte del espectador.                                                                         

       Se transforma en herramienta cuando determino que la película la voy a usar para algo, es decir para algo más que verla, incluso hacer un comentario u opinar.

       Es herramienta cuando mi intervención sobre ella encierra el propósito de orientar hacia  una lectura a terceros, que aun con las mejores intenciones y equilibrio no deja de ser una lectura direccional  sobre un acto que el espectador debiera usufructuar con total libertad. Esto, por lo tanto, me inhibe la posibilidad, en cualquier caso, de sacar conclusiones deterministas o cerradas Especialmente si estoy frente a una obra de arte.

 

¿Este argumento me prohíbe usar al film como herramienta?.Depende. Si lo voy a usar en términos de diálogo, es decir, dialogar con la obra y  con el colectivo que vivió la experiencia de verla junto a mí? Es legítimo.

 

¿Qué significa dialogar con la obra?

Ante todo debo  abandonarme a la emoción, a los sentimientos  que me provoca , luego ,si consideramos al film  como un texto que encierra una significación, dialogar con el significado, ingresar a una dimensión más racional, o sea penetrar en su trama, recorrer sus aspectos formales, y simbólicos, entender el tema descubrir su mensaje.

Lo primero que tendríamos que entender es que un film , cualquiera sea  su calidad, es una producción, una construcción compleja, colectiva. Y nuestro trabajo de diálogo consiste en analizar esa complejidad, y esto traerá un resultado según como   me ?paro? frente a la obra. En algún sentido hacer el camino inverso o sea deconstruirla

A  un film se puede ingresar desde distintas visualizaciones, lo puedo hacer desde un análisis de género, compararlo dentro del contexto de la propia historia del cine, describir su estética contrastar el estilo del director con otros, etc .Los propósitos pueden ser enseñar cine dentro de la historia del arte, del cine mismo,  o a modo de  ejemplo para los que van a producir o realizar cine, etc.

En el caso que nos ocupa dialogar con el cine es visualizar la película   con una dirección, esa dirección va a estar guiada con lo que yo intuyo o creo que está en el film y responde a mi propósito ulterior a la visión del mismo .Si quiero hablar sobre los valores que transmite la historia a través de las acciones morales de sus personajes, es allí donde depositaré principalmente la mirada. Del mismo modo, prescindiendo de la historia puedo detenerme minuciosamente en los valores formales, estéticos del film.

¿Cómo recorrer ese camino?

Actitud y aptitud es lo   que se necesita para trabajar con el cine como herramienta: compromiso y madurez.

Cuando hablamos de compromiso lo hacemos referido al que debemos asumir con la obra. Es decir, comprometerme con la película es verla más de una vez, leer acerca de ella, conocer acerca de su director, cuestionarla, incorporarla a mi lógica, a mis sentimientos, dejarla madurar en mí, tomar distancia y al mismo tiempo intimar con ella.

Es notable como en más de una oportunidad la película crece en mi cuando el tiempo se aleja de la visualización de la misma.

El compromiso con la película es el primer requisito que  debe adquirir el mediador. Esto le va a otorgar seguridad en el momento de afrontar el encuentro con los destinatarios coparticipantes del diálogo señalado más arriba. Lo va a poner en ventaja para señalar iniciativas de lectura. Y va a consolidar la experiencia con la seriedad que esto implica.

 

La segunda condición  es la madurez. Cuando se trata de trabajar en un tema como son los valores, acerca de los mismos tengo que tener un criterio claro, maduro. Si bien es cierto que la experiencia de vida contribuye a esa madurez, no menos cierto es la formación personal y la convicción de que aquello que estoy criticando, proponiendo o reflexionando tiene que ser un todo coherente y producto de una reflexión previa. Nunca vamos a estar lo suficientemente preparados en términos de dominio absoluto de los temas a tratar sin embargo con compromiso y madurez achicamos el camino de la incertidumbre y la liviandad.

 

Cine y Espiritualidad

¿De qué hablamos cuando unimos en un binomio dos conceptos que representan a primera vista dos dimensiones al menos distantes.?

El cine es un insumo cultural instalado en el imaginario social como un espectáculo concebido para el entretenimiento; y la espiritualidad una dimensión reservada al orden de lo íntimo, sensible, personal. ¿Puede haber una conexión legítima entre ambos conceptos?

Si  reconocemos en el  cine una manifestación estética y en un sentido más acabado artística, estamos dando el primer paso para legitimar los nexos. El arte tiene como destino final el corazón y la mente de los hombres, allí donde repercute la emoción. Aquello que me ?conmueve? que ?me mueve? sacándome del lugar donde estoy instalado. En algún sentido el arte, para el hombre ,es redentor. Redime a través de su belleza, de su verdad.

Pero no siempre está claro si todo el cine que se produce  es una obra de arte. Aun así podemos reconocer en infinidad de realizaciones  obras que nos llegan de una manera particular ya sea por el contenido de su historia o por el tratamiento que se le da a la misma.

La espiritualidad en el cine está presente  cada vez que, a través de sus historias, me proyecto o identifico con lo que le pasa a los personajes que padecen situaciones profundamente humanas que intentan resolver conflictos que transitan por el dolor, la angustia, el amor, la esperanza, la búsqueda de lo trascendente, expresados en historias que dan cuenta de luchas por un bien social o comunitario, que construyen caminos hacia la paz, que son víctimas del egoísmo ajeno, que no son reconocidos en su dignidad que son discriminados, perseguidos, que tienen miedo, que arriesgan su vida por otros, etc.

 A veces por presencia de valores o incluso por ausencia de los mismos y sus consecuencias, la espiritualidad del hombre está en juego. Y es allí donde las palabras emergen como juicio, como respuesta.

En la espiritualidad, es la condición humana la que está en juego. Y ese es el juego que tenemos que seguir. Sabemos que todas estas cuestiones pueden ser relatadas en el cine con mayor o menor calidad ya sea por su forma como por su profundidad. Por lo tanto el primer desafío que debemos enfrentar tiene que ver con la elección del material.

Lo que se propone a continuación no son criterios fijos e inapelables. Son más bien fruto de experiencias realizadas durante un largo tiempo en el campo que nos ocupa.

¿Qué elegimos?

La elección del film es una de las tareas más complejas, podemos hacerlo por haberla visto nosotros mismos o por recomendación de terceros que comparten nuestros criterios en términos de calidad de cine .O bien  hacerlo, como en este caso, guiados por publicaciones especializadas.

El primer criterio que debemos tener en cuenta es:

¿A quién (quienes) va dirigido el film?, obviamente referido al grupo con en  el que vamos a trabajar.

En este punto dos son las consideraciones que debemos tener en cuenta: mi preparación como mediador y el perfil del grupo con el que voy  a trabajar.

Con respecto al primero: si estamos iniciándonos en la práctica debemos optar por films cuyas historias no encierren una complejidad narrativa y formal aunque el tema que presenta  el film sea  el más adecuado a nuestro objetivo. El criterio de esta elección es trasladable al grupo con el cual voy a trabajar. Si consumen poco cine o el cine que ven son productos comerciales livianos, habrá que optar por comenzar con películas que sean más cercanas a sus insumos culturales cotidianos y elevarme de a poco a obras más profundas. Hay buenas películas de producciones espectaculares, especialmente en las sagas actuales que reflotan en sus historias los clásicos dilemas de la lucha del bien y del mal.

Otro criterio a tener en cuenta es, cuánto tiempo voy a trabajar con el mismo grupo. Si la  posibilidad  es hacerlo durante un lapso, al menos de cinco encuentros, podemos ir creciendo en complejidad narrativa y profundización temática.

Una vez logrado una audiencia comprometida y de presencia regular con los encuentros puede profundizarse en obras que alcancen niveles de profundidad reflexiva mas compleja

   ¿Cómo ver un film?

El mediador, como decíamos más arriba debe asegurarse un dominio sobre el material audiovisual con que va a trabajar. Lo recomendable es ver el film tres veces.

La primera, casi con una mirada ingenua. Abandonarse a la obra, disfrutarla. Dejar que la película penetre en mis sentimientos, en mi emoción.

La segunda visualización ya tiene en su haber, conocer de qué se trata la historia. La mirada va a poder ser más distante. En un sentido, más objetiva.

Esta segunda observación conviene hacerla con lápiz, papel y control remoto .Anotar todo aquello que me llama la atención, tal vez ya detectado en la primera vista. Detener la imagen si es necesario. Copiar frases de los personajes que entiendo puedan ser importantes, que reflejen un pensamiento, un principio, una idea. Algo que defina al personaje en su cosmovisión del mundo o de la situación que tiene que afrontar. Es decir estaríamos destacando una parte del guión.

La tercera visualización sirve para corroborar la tarea realizada en los dos pasos anteriores. Ya con los elementos analíticos ajustados debo tomar la decisión si este es el material más adecuado para el grupo con el que voy a trabajar. En este punto podrá pensarse que no hacen falta tres visualizaciones previas para tomar tal decisión. Sin embargo hay muchos films que recorriéndolos detenidamente revelan una historia más rica de lo que aparece en una primer instancia. Con todo el que ya adquirió experiencia en la actividad una mirada bastará para tomar la decisión.

 

¿Cómo afrontar al grupo?

Lo más adecuado es tener un conocimiento previo del  grupo destinatario de la experiencia. Esta situación que podría considerarse la más natural y lógica, sin embargo, no siempre se da.Es el caso cuando nos invitan a realizar el encuentro  por primera vez con un grupo con el cual nunca hemos tenido contacto y resulta muy heterogéneo en su composición e intereses. En este caso lo importante es asegurarnos bien quienes son, sus edades si tienen o no experiencia de haber trabajado con el cine, lugares de donde provienen, inquietudes, etc. Esta información debería proveérnosla quien nos convoca. Teniendo un conocimiento de la situación podríamos exigir recortes de cantidad de público, edades, puntos de interés, etc.

Si vamos a trabajar con jóvenes y adolescentes no conviene que los grupos sean multitudinarios y si lo son por cuestiones que no podemos manejar, debemos afrontar la tarea dividiendo la audiencia en grupos que no excedan las diez personas.

 

El Tiempo

Si queremos hacer bien la tarea es necesario contar con el tiempo adecuado para las distintas etapas.

La primera etapa frente al grupo es la presentación, señalando brevemente cuál es el  sentido que tiene el encuentro, previo estará  mi presentación personal que es conveniente realice un tercero.

Lo segundo es una presentación muy breve de lo que vamos a ver. Esto tiene un sentido orientativo, con la idea de pre disponer a la audiencia. Aquí podríamos sugerir prestar atención a determinados aspectos del film que yo considero  son claves. Pero no más que eso. Luego podemos anticipar, sin mayores detalles como vamos a trabajar la película una vez finalizada la proyección.

Todo este lapso tiene que ser breve, no debemos licuar la expectativa de ver la película y  agregarle al encuentro más tiempo que el conveniente

El segundo paso debe tener en cuenta lo más importante: el mediador debe estar presente durante la totalidad de la proyección del film, aunque sienta que lo tiene bien incorporado.            

El motivo de esta presencia encierra dos situaciones significativas:

?Lo que estamos haciendo es importante, me interesa tanto como a Uds?.

Este es un momento precioso para el mediador. Ubicado en la platea puede detectar, reacciones, comentarios y emociones. Frente a estas situaciones el mediador deberá tomar cuenta de los pasajes de la historia que generaron estas conductas en el espectador, para luego potenciarlas en el diálogo abierto. Esto nos llevará a pensar porque frente a determinadas situaciones donde se espera un silencio, estalla la risa. Indirectamente esta instancia nos puede generar un indicio acerca de la madurez del grupo frente al film

Es natural que los adolescentes se sientan inhibidos frente a sus pares, de reconocer que en tal o cual parte de la historia se emocionaron con lágrimas. Más  fácil será comentar  todo aquello que les haya causado gracia. Pero mi actitud de mediador de haber ?escuchado? a los espectadores puede orientarme con más precisión en  la tarea posterior.

Terminada la proyección, que en promedio casi siempre lleva dos horas, conviene hacer una pausa lo más breve posible. Esto evitará futuras deserciones  para ir al baño, o cualquier otra necesidad.

No conviene un tiempo de relajo muy prolongado, incluso si las circunstancias lo permiten es recomendable evitarlo.

No obstante lo dicho, debemos tener en cuenta las características del film que hemos proyectado Una historia dura, difícil, lenta, o que impacte  fuertemente en el estado de ánimo de la audiencia  provocando, angustia, tristeza o ansiedad; merece, necesita, relax, oxigenación. El sentido común del coordinador sabrá manejar de otra manera los tiempos.

En todo caso lo que señalamos es que el factor tiempo que media entre el final de la proyección y el comienzo de la interactuación a través del diálogo que continua hay que manejarla concientemente. En este punto, obviamente no es lo mismo trabajar con niños, jóvenes o adultos.

El paso que sigue es una suerte de semblanteo general, la mejor manera de provocar el comienzo de un diálogo es preguntar si la película les gusto o no .Esta pregunta, aparentemente sencilla, nos puede dar un panorama general del estado de ánimo de la audiencia. Luego podríamos continuar con la pregunta: qué escena les llegó más?  , qué es lo que menos les gusto? Estos interrogantes me darán un panorama general de los sentimientos que, provocó la historia en general.

El paso siguiente es ordenar la lectura desde un punto de vista más analítico, es conveniente que a cada opinión o aseveración por parte de la audiencia se pregunte el ¿por qué?

En esta etapa podremos advertir cual es la visión que se expresa  acerca de determinados valores que puedan estar presentes en la historia. No es extraño descubrir que ciertos juicios u  opiniones no concuerdan con una visión como la nuestra, la del mediador, incluso muchas veces pueden llegar hasta ser  opuestas. Es frecuente que los jóvenes justifiquen acciones, poco justificables o al menos muy cuestionables.

La pericia del mediador será provocar un debate acerca de esa postura buscando aliados en la audiencia que equilibren las opiniones. En este punto debemos  evitar un estancamiento en la confrontación de ideas, lo que es importante es que  las opiniones sean plurales, haya matices, divergencias, complementariedad.

No olvidemos que estamos dialogando entre todos con la película y como mediador, oriento, provoco miradas, estimulo la criticidad.

El solo hecho de instalar el tema de la espiritualidad y que los jóvenes reconozcan actitudes humanas que los conecten  con esa dimensión, estaremos ganando en los objetivos propuestos.

Lo más importante en estos encuentros es dejar a la audiencia pensando y percibiendo que en un diálogo organizado y respetuoso  emergen pensamientos ricos y variados.

No debemos obsesionarnos con desear que las conclusiones a las que se arriben sean  coincidentes en su totalidad con las mías, las del mediador.

El mediador no es el dueño de la obra, es un guía hacia la misma.

 

No debemos olvidar que no estamos enseñando dogma, que lo importante es el encuentro, la participación dialógica, la conexión con lo espiritual desde un relato audiovisual.

El cine no agota todas las instancias de  formación, aunque reconocemos en él un importante aporte para el proceso de la misma.

Para el final es conveniente hacer un ordenamiento de lo conversado. En esta instancia es importante la lucidez del mediador. Deberá ser capaz de representar las distintas voces expresadas y manifestar una opinión que de un cierre esclarecedor. Una buena experiencia en este sentido abre la posibilidad de futuros encuentros.

Algunos tips para lograr esto, si se trabaja en plenario

 

El mediador:

Debe mostrar seguridad frente al púbico con el que va a dialogar.

No debe transformarse en un showman. Aunque una presencia dinámica y precisa contribuye  a ser fluido el encuentro.
Debe ser claro en las consignas de trabajo, si es necesario repetirlas y asegurarse de que fueron comprendidas.
No debe generar una imagen erudita, pero sí de conocer  el manejo de la actividad y su aproximación a la obra.
Debe estar muy atento a aquellos que piden intervención y más atento aun en los rostros o gestos que insinúan querer decir algo y no se atreven a pedirlo explícitamente.
Evitar concentrar las intervenciones en pocos individuos o en algún participante estrella, o la confrontación personal entre participantes.
Debe intentar esclarecer cuando hay lecturas oscuras o ambiguas.
Debe provocar sin forzar, participación en aquellos más remisos a intervenir.
Debe ser conciente del tiempo que transcurre.
Debe cuidarse de  ridiculizar intervenciones débiles, poco claras o de poca sustentación argumentativa.
Debe evitar imponer una mirada propia, aunque si guiar hacia el pensamiento de lo que hemos elaborado como mediadores.
Ser paciente con aquellos que les cuesta argumentar, pero al mismo tiempo contribuir a construir un cierre de la misma.
Si el film tiene un final abierto, equilibrar posibilidades de interpretación

Otro método

Hasta aquí, hemos ofrecido una forma de abordar un film. Sin embargo existen otras posibilidades de apreciación de miradas que no deberíamos dejar de lado.

Cuando estamos frente a un relato audiovisual como es el cine ,estamos frente a un lenguaje que tiene sus propios códigos enhebrados con la imagen y el sonido .El cine tiene sus propias leyes, y es conveniente, si estamos trabajando con él desde la perspectiva ya enunciada, conocerlas, familiarizarnos con ellas.

La siguiente propuesta tiene como  objetivo   educar la mirada en el discurso cinematográfico, detectar sus componentes. En definitiva familiarizarnos y reconocer en el relato aquello que lo constituye.

Cada ocasión de encuentro con el cine debe servirnos para alfabetizar en el discurso audiovisual. Y esto se logra atendiendo también sus aspectos formales.

Aprender a ver cine es aprender  a ver televisión,  aprender a leer un diario e incluso escuchar radio.

¿Cómo es esto posible?

Educar una mirada crítica en cualquier discurso abre al espectador a reconocer la complejidad que encierra un relato, a descubrir su dimensión ideológica a detectar  los estereotipos. Poco sirve reconocer los elementos de espiritualidad que están presentes en un film si al mismo tiempo  no soy conciente como juegan los elementos que están  en la construcción de esa historia.

Pensemos un poco en la dimensión ideológica, que aquí no la entendemos como de carácter político, sino desde la cosmovisión que el director tiene acerca de la vida, el hombre, la historia, Dios, etc. Por cierto siempre presentes de una u otra forma en los films.

Aportamos aquí, para el mediador una pequeña guía para  entrar en el relato a través de los personajes, a mi entender la más apropiada para trabajar en cine y espiritualidad.

El personaje como persona

 

?Las tramas narradas son siempre, en el fondo, tramas «de alguien», acontecimientos y acciones relativos a quien, como hemos visto, tiene un nombre, una importancia, una incidencia y goza de una atención particular: en una palabra, un «personaje». Ahora bien, determinar clara y sintéticamente en qué consiste y qué es lo que en definitiva caracteriza a un «personaje», más allá de sus puntos de fricción con el ambiente, resulta bastante difícil. Preferimos, por lo tanto, no buscar una respuesta unívoca y recurrir más bien a dos  perspectivas posibles, dos ejes categoriales diferentes, con los que afrontar el análisis de estos componentes narrativos. Consideremos entonces al personaje ante todo como persona y luego como rol.

 Analizar al personaje en cuanto persona significa asumirlo como un individuo dotado de un perfil intelectual, emotivo y actitudinal, así corno de una gama propia de comportamientos, reacciones, gestos, etc. Lo que importa es convertir al personaje en algo tendencialmente real: ya se quiera considerar sobre todo como una «unidad psicológica», ya se le desee tratar como una «unidad de acción», lo que lo caracteriza es el hecho  de constituir una perfecta simulación de aquello con lo que  nos enfrentamos en la vida

 

Según esta óptica podemos diferenciar  distinciones como éstas:

personaje plano y personaje redondo: simple y unidimensional el primero; complejo y variado el segundo
personaje lineal y personaje contrastado: uniforme y bien calibrado el primero ; inestable y contradictorio ? personaje estático y personaje dinámico: estable y constante el primero ; en constante evolución el segundo

 

Naturalmente, luego pueden formularse categorías más específicas, distinguiendo entre aquellas que se refieren al carácter (es decir, a un «modo de ser», al personaje como unidad psicológica), y las que se refieren al gesto (es decir, a un (modo de hacer», al personaje como «unidad de acción»).

 En todos los casos queda claro que la «persona», en sus multiformes determinaciones, se basa también en una precisa identidad física, que  constituye, por así decirlo, su soporte. De ahí oposiciones como macho/hembra, viejo/joven, fuerte/débil, pero también normal/anormal, etc., con todo lo que puede construir un «esquema anagráfíco » ideal del personaje.

El personaje como rol

Frente al personaje en cuanto persona terminamos siempre descubriendo su identidad irreductible, es decir, su carácter, sus actitudes y su perfil físico, que lo convierten tendencialmente en un individuo único: de ahí sus aspectos más peculiares y específicos. Sin embargo, existe otro modo de abordar al personaje, centrándose en el «tipo» que encarna. En este caso, más que los matices de su personalidad, se pondrán de relieve los géneros de gestos que asume; y más que la gama de sus comportamientos, las clases de acciones que lleva a cabo. Como resultado, ya no nos encontramos frente a un personaje como individuo único, irreductible, sino frente a un personaje como elemento codificado: se convierte en una «parte», o mejor, en un rol que puntúa y sostiene la narración. De lo fenomenológico, en resumen, se pasa a lo formal.

No abordamos aquí la empresa de trazar un mapa completo de los «roles» cinematográficos, ya que por sí sola requeriría un libro. Centrémonos únicamente en algunos de los grandes rasgos que pueden caracterizar a estos «roles», a través de algunas oposiciones tradicionales:

personaje activo y personaje pasivo: el primero es un personaje que se sitúa como fuente directa de la acción, y que opera, por así decirlo, en primera persona; el segundo es un personaje objeto de las iniciativas de otros, y que se presenta más como terminal de la acción que como fuente

personaje influenciado y personaje autónomo: en el interior de los distintos personajes activos los hay que se dedican a provocar acciones sucesivas, y otros que operan directamente, sin causas y sin mediaciones; el primero es un personaje que «hace hacer» a los demás, encontrando en ellos sus ejecutores; el segundo es un personaje que «hace» directamente, proponiéndose como causa y razón de su actuación;
personaje modificador y personaje conservador: los que operan activamente en la narración pueden actuar como motores o, por el contrario, como punto de resistencia; en el primer caso tendremos un personaje que trabaja para cambiar las situaciones, en sentido positivo o negativo según los casos (y entonces será mejorador o degradador: para éste último rol,
personaje protagonista y personaje antagonista: ambos son fuentes tanto del «hacer hacer» como del «hacer», pero según dos lógicas contrapuestas y fundamentalmente incompatibles: el primero sostiene la orientación del relato, mientras que el segundo manifiesta la posibilidad de una orientación exactamente inversa.

Las oposiciones, lo repetimos, son sólo indicativas. Pero sin embargo nos sugieren al menos dos cosas. La primera es que para definir los roles narrativos es importante acudir tanto a la tipología de sus caracteres y de sus acciones, como a sus sistemas de valores, las axiologías de las que son portadores. La contraposición entre protagonista y antagonista es, en este sentido, ejemplar. La segunda observación es que el perfil de cada rol nace tanto de la extrema especificación de las funciones (y de los valores) asignadas , como de la combinación de diversos rasgos. La posibilidad para un personaje de asumir determinaciones distintas  muestra bien a las claras con su complejidad el modo en que cada uno de los roles nace igualmente de una superposición de rasgos?

 (Francesco Casetti y Federico di Chio en Como analizar un film)

 

Complementando lo más arriba expuesto es importante también preguntar en la dinámica del debate cual es el tema de la película? Esta instancia es muy útil dado que en más de una ocasión se puede advertir que no hay un entendimiento o una interpretación común. Siendo este un punto elemental para tener en claro.

El tema se debe expresar en una o dos frases a lo sumo. Por ejemplo, si nos preguntamos de qué trata ?Romeo y Julieta?, deberíamos contestar que del amor entre los hijos de dos familias que se odian. 
Este mismo tema, que ya lo encontramos en la fábula griega de Píramo y Tisbe, está presente en muchas películas. Tal es el caso de ?Rebelde sin causa?, ?West Side Story?, ?Los tarantos? o ?Cumbres borrascosas

El mensaje
Cuando un autor escribe una película, además de entretener, tiene  el propósito de transmitir a los espectadores un  modo particular de ver algunas cosas en la vida. En cierto modo quiere  reflejar sus  ideas. Ese es el mensaje. 
El mensaje orienta  la dirección en que el autor desarrolla  un determinado tema, ya que el mensaje determina la relación entre la historia y las emociones que mueven a sus protagonistas. 

El autor debe conseguir  que el espectador se identifique con el protagonista de la película, de lo contrario se sentirá ajeno a la historia. Cuando el espectador percibe que la película intenta dar respuesta a sus propias necesidades, se sentirá directamente comprometido con lo que ve. Hoy en día esas necesidades se deben adecuar a un público con edades comprendidas entre los 15 y los 25 años, ya que son quienes acuden al cine con mayor frecuencia.

Y esto no es un tema menor. Podríamos decir que la gran producción mundial, especialmente la que llega a nuestro mercado, genera una oportunidad que no  debemos dejar de pasar por alto, siempre y cuando lo hagamos desde un sentido crítico 

Mensaje humano y mensaje social


Normalmente las películas intentan transmitir un mensaje humano, que se refiere a las emociones del individuo, pero hay ocasiones en que, además, encierran un mensaje de tipo social. 
Por ejemplo, en el film norteamericano ?Tienes un e-mail?, el mensaje humano, -el amor puede surgir por Internet-, se encuentra en la trama principal, mientras que el mensaje social, -los grandes almacenes están acabando con las pequeñas tiendas familiares-, se desarrolla en una historia secundaria

Hasta aquí entonces: Personajes en sus distintas funciones, tema y mensaje.

Como construir significado?

El próximo paso es ocuparse de los aspectos formales presentes en el propio lenguaje del film.

No solo es el guión (las palabras explícitas, que pueden enunciar los personajes) ni las actitudes que son fáciles de reconocer y describir. Hay significado en la imagen.

Un movimiento de cámara, un encuadre, la duración de una toma, la iluminación, el sonido, la música; son  elementos que adecuadamente  leídos contribuyen al entendimiento y profundización de la historia y sus personajes.

En este contexto los objetos presentes  en la imagen cobran una dimensión simbólica. Una bicicleta, un gato, un lápiz, agua corriendo en un lavabo, olas que llegan a la playa ,cosas móviles o inmóviles, detalladas  con detenimiento o incluso sugeridas por su ausencia pueden constituirse como metáforas dentro del relato nutriendo un sentido poético a la narrativa.

Es común que cuando utilizamos el cine como herramienta profundicemos  más los contenidos y tratemos  de dilucidar el mensaje .Sin embargo esta operación debe ejercitarse atendiendo siempre lo formal .Debemos concebir a lo formal como el camino para acceder al contenido.

Cualquier ojo sensible y entrenado en las artes reconocerá en lo formal lo expuesto más arriba, sin embargo es propósito de este manual contribuir con propuestas teóricas y ejemplos para formarse en tal sentido. El usuario de esta publicación podrá remitirse a los otros módulos  que desarrollan el tema específico del lenguaje cinematográfico.

Ambientación

Un factor sumamente importante a tener en cuenta para que la experiencia genere el objetivo que se persigue es preparar cuidadosamente el espacio de proyección.

Es posible que las recomendaciones que se sugieren a continuación puedan resultarnos  lo obvias o por el contrario utópicas. En uno u otro caso es conveniente atenderlas.

Somos concientes que grupos humanos que pueden trabajar con el cine hay en todos lados , pero las condiciones convenientes  para hacerlo no.

Sin embargo la práctica exige buscar y poner todo el esfuerzo posible para una ambientación adecuada.

No olvidemos que el grupo de personas con las cuales vamos a trabajar, teniendo en cuenta  la introducción, la proyección y el diálogo posterior, con algún breve break, promedia las cuatro horas de permanencia.

 

Los puntos a tener en cuenta se proponen como un modelo ideal. Cuanto más podamos acercarnos a él, mejor resultará nuestro trabajo.

 

Antes de la proyección

Hay consideraciones atendibles  cuando los lugares  de realización se hacen fuera de ámbitos profesionales. Si el mediador  es el responsable de armar el encuentro debe procurar, también, atender cosas que en apariencia pueden resultar nimias, pero que no resueltas en ocasiones frustran los encuentros o al menos los hacen innecesariamente  desprolijos.

Algunos tips:

Hacer un reconocimiento de la sala a nivel personal. Evaluar personalmente si las condiciones prometidas, en caso de ser un lugar que se utiliza por primera vez, son coincidentes con la realidad y realmente responden a lo que necesitamos. La visión del que presta o alquila el lugar no siempre es coincidente o conoce con precisión nuestras necesidades.

El día de la reunión-exhibición estar un tiempo antes. En caso de haber surgido imprevistos tenemos un tiempo a favor que puede permitirnos ajustes y correcciones.

La película a exhibir debe estar en puerta. Es decir con el subtitulado seteado, en el idioma original y detenido en el comienzo  exacto del primer cuadro de presentación.

Minutos antes de comenzar la exhibición chequear lo atinente a la proyección.

 

La proyección

 

Debemos tener en cuenta, algo importante: Para todos los participantes la experiencia debe resultar placentera.

Como estamos trabajando con el cine, la proyección debe ser lo más parecida al cine, es decir al de una sala cinematográfica.

Lograr un oscurecimiento total

Ventilación o climatización acorde al clima
Asientos cómodos y suficientes
La sala deberá estar resguardada de sonidos y ruidos externos, como patio de recreos o la calle

Sonido, diáfano, ajustado a un volumen proporcional al número de los habitantes de la sala, esto significa que el ajuste sonoro deberá realizarse con la proyección ya comenzada.

Ajuste de foco sobre pantalla (foco crítico).

Hoy se cuenta con una tecnología de uso más generalizada como es el caso de los proyectores multimedia que acercan la experiencia a la pantalla cinematográfica, alejándola del formato televisivo.

 

Como elegir un film para cine y espiritualidad?

En la elaboración de este módulo siempre estuvo presente considerar la producción que SIGNIS mundial y SIGNIS Argentina han realizado a lo largo de los últimos años con las premiaciones de los Festivales.

Todas y cada una de ellas  consideran los valores que están expuestos en las historias. De manera que esto las potencia como películas factibles de ser tratadas en cine y espiritualidad.

Sin embargo entendemos que hay films que se adaptan más fácilmente a la especificidad de lo espiritual como en este módulo lo hemos expresado. Un recurso que puede servir para saber cuál película está más o menos cerca de nuestro objetivo es leer las justificaciones que los jurados han elaborado sobre los films premiados. Estas figuran en los palmares que se editan todos los años